Yendo a la deriva
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El traje mojado [Cuento]

agosto 4th, 2010 | Posted by Marco in cuentos - (0 Comments)

8:20 p.m. El día anterior al accidente.

modelo de sasteria

Llegué al establecimiento del sastre. Habían unos cuantos maniquíes con ternos perfectamente hechos y de buena calidad. –¿Viene a recoger su traje señor? – preguntó un muchacho que había en la recepción. – Sí. Aquí tiene mi recibo. – Respondí. – Un momento señor. Ahorita se lo traigo – Dijo el muchacho, mientras iba al interior a buscar mi traje.

Eran más de las ocho y veinte de la noche, según el reloj de pared de la tienda. Miré por la ventana, ahora garuaba con más fuerza. – Hola hijo. ¿Otra vez zombie? – . Voltee y miré al sastre, que era un hombre bastante mayor de alrededor de sesenta años, de contextura gruesa y algo canoso. – Hola. Nada que ver. ¿Como le va todo don Jaime? – Le pregunté. – Bien. Bien, con mucho trabajo últimamente. Tu padre me ha contado que pronto pasas a la fila de los casados – Me dijo el sastre. – Así es don Jaime. Es una de mis últimas preocupaciones. – Le respondí.

- No lo creo, vendrán más. Sin embargo,  vas a ver que te va a ir bien. Bueno tengo que irme. Cuídate, y saludos a tu padre –.  En ese momento le estreché la mano a Don Jaime, quien la apretó con fuerza y me dio un abrazo como de padre a hijo. Luego, salió por la puerta a paso lento.

Esperé unos minutos más, y cuando me empezaba a aburrir salió el muchacho con mi traje. El muchacho preguntó si deseaba probarme el traje. Le dije que sí. Me probé el terno, me quedaba excelente.

Ya en la calle, y acomodado en el auto, lo prendí, se escuchaba Stone Templed Pilots con la canción  “Interstate Love Song”. Me sentía confuso y sediento de alguna manera, de algo que no sabía que era. Pare en el viejo bar, al cual iba cuando era chiquillo. No había ido allí desde que me mudé. Entré y me encontré con Hitomi, mi amiga de ascendencia japonesa, quien estaba conversando con el bartender. – Hitomi – La saludé. Ella estaba distraida. – ¡ Hitomi ! – Dije con más fuerza.

Ella volteó, y al verme, saltó de su silla y se trepó encima mío para abrazarme, con una sonrisa de oreja a oreja. – Amigo. A los tiempos vienes al barrio – Dijo ella. – Así es. Mañana me voy a comprometer formalmente, y voy a ir a casa de mis futuros suegros. Que desastre. – Le dije a ella. – Jajajja – río ella – Todo te va a salir bien. Vas a ver. Eres un excelente chico. Además lo que más importa es que ella ya te acepto.

- Tienes razón. – Le dije – Más bien te invitó un vino, como para brindar –. Hitomi aceptó y nos movimos hacía una mesa que había cerca.  Nos sirvieron el vino. La miré a los ojos y le sonreí. – ¿Que pasa amigo? -  preguntó ella. – Nada – Le dije. – Sino que todo me parece tan extraño –.  Ella río y me miro a los ojos profundamente.

Entre los dos, sabíamos que siempre había algo entre ambos, pero recién esa noche, ella acercó su cabeza hacía mí, y mi instinto me impulsó a besarla, porque desde hacía años lo había querido, sin oportunidad. Me quedé varios minutos minutos besándola, pero al final retrocedí y me senté correctamente.

– Bueno. Tengo que irme. Mañana tengo que trabajar temprano, y no puedo quedarme hasta tarde. – Dije. – Está bien. Vamos.- dijo ella. Pagué la cuenta y salimos. – ¿Me llevas a mi casa? – preguntó. Pensé en responderle que su casa quedaba a unas cuadras y que más fácil era que llegará a pie que en auto, pero al final, le respondí – Será un honor. Claro.

Entramos al auto, iba prenderlo, pero al final la miré. Ella me miró. Terminamos besándonos otra vez.   – ¿Quieres ir a mi departamento por unos tragos?. – le pregunté. Ella respondió que sí. Ambos sabíamos que no íbamos a tomar nada. Prendí el auto y se escuchaba I will follow de U2. Arranqué el auto, y aceleré lo más rápido que pude. Iba a a 80 kph sobre la pista mojada. Felizmente la pista estaba despejada en la avenida Javier Prado a las 11:40 pm. Miré hacía los árboles de mi izquierda mojados totalmente, y cayendo el agua por las hojas.

Una vez que llegué a casa, hice pasar a Hitomi, quien se sentó en los sillones de la sala. Timbra mi teléfono. Le hago una seña a Hitomi para que no haga ruido.  – Aló. Hola, ¿como estás preciosa? – Le digo a Claudia. – Bien. Me pareció raro que no me llamaras. – Me dijo ella a modo de recriminación. – Sí, disculpa, sino que había ido a casa de mis padres, y allí me encontré con mi hermano, quien me invitó un vino y me empezó a contar de sus aventuras periodísticas. Ya ahorita estoy en mi cama. –  le dije. – Ah ya. Está bien. Te quiero amorcito, ya mañana nos vemos. Llega puntual a la cena – Agregó ella. – Está bien, nos vemos. Te quiero también. Un besote para ti. Nos vemos mañana a la hora de la cena con tus padres. – Le respondí. Luego de eso colgué.

- Que serio eres – Dijo Hitomi. – Disculpa, sino que me da vergüenza ponerme demasiado meloso por teléfono. – Añadí – ¿En que estábamos? – Le pregunté.

Ella me miró fijamente a los ojos. Me acerqué a ella. Le cogí de la mano, y la llevé a mi habitación. Allí la besé. Le quité su abrigo. Ella me quitó la corbata. En eso ya me quité el terno y todo. Ella se quitó la blusa, su pantalón negro de vestir. Llevaba bragas negras semitransparentes y un brasier negro, que no dejaba mucho a la imaginación. Me exito verla así. Le quité lo último que llevaba, mire sus ojos negros achinados y la bese. Le bese todo el cuerpo. Su piel era suave, bien formada. Sus senos eran perfectos.

Después de tocarla toda, le hice el amor hasta un momento que no recuerdo, porque no recuerdo más. Cuando desperté eran 6:40 de la mañana. Hitomi dormía cubierta con las sabanas. Me desperté sobresaltado, preguntándome. – ¿Donde está el terno para la cena?. Miré por los sillones, por el closet, por todo el departamento. Al final, asustado salí hacía la cochera. El traje se encontraba sobre el techo del auto, y no se encontraba mojado gracias a la funda. La gran lluvia de anoche no había podido contra mí.

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