Estaba echado en mi cama mirando el techo, pensando en los porqués. Me sentía sin rumbo, sin futuro, con ganas de llorar pero sin poder hacerlo. La decepción era muy grande, pero tenía que olvidar lo que había quedado atrás. Me senté en la cama, no quería seguir pensando. Sentía que mi futuro había cambiado, que ahora iba sin rumbo, sin saber a donde iba llegar.
Era sábado en la noche, así que jalé la laptop. La abrí, abrí el messenger, y encontré a Karina conectada.
- Hola. ¿que tal como te va?. – Le escribí. Ella me respondió que estaba bien, me comentó que se iba a reunir con unos amigos en un bar, para tomar algo y escuchar buena música por Miraflores. Le pregunté si podía ir, me dijo que normal fuera, pero que tenía que estar a las diez de la noche en punto en su casa, porque a esa hora iba a salir. Le dije: – Perfecto. Nos vemos, entonces. Cuídate mucho, ahí hablamos. Saludos.
Ella se despidió. Cerré la tapa de la laptop, y me fui a alistar. Me bañé, me afeité, me puse una colonia, tomé mi pastillas para la alergia. Me puse una camisa azul, un pantalón marrón, guardé mi billetera, mis llaves, mi celular Motorola que aunque no era el mejor, me era muy fiel para todo momento. Mirándome al espejo, me di cuenta que era mejor no llevar lentes, así que me puse lentes de contacto. Bajé rápido por las escaleras, salí a la calle, y busqué un taxi que me llevará a casa de Karina.
Una vez que llegué a su casa, ella abrió la puerta y cuando la vi, casi se me caen los ojos al piso. Llevaba un vestido floreado, que le ajustaba bien al cuerpo, y le hacía resaltar bastante bien sus piernas y sus caderas. Intenté mirar hacía arriba, la saludé, ella sonrió, se le veía linda como siempre, con sus rulos naturales y su tez morena. Me invitó a pasar, allí encontré a amigos suyos, los cuales me presentó. Tras beber un par de cervezas, salimos a la calle, donde tomamos dos taxis para ir en dos grupos.
En el camino a ese bar, siento que el celular timbra, y veo que muestra que mi contacto “X” llama. Me dio risa, que le haya puesto X en mi agenda. Debe ser que cuando me dio su nuevo teléfono, lo hice tan apurado que me dio pereza colocar su verdadero nombre. Contesté. – Aló –.
Se escuchaba mucho ruido, pero al final oí: – Hola. Quería preguntarte si ibas a hacer algo está noche, estoy aburrida en casa de unas amigas –. Le respondí, que estaba con unas amigas yendo a un bar por Miraflores, que si gustaba podía ir, que era gente que ella conocía y que iba a estar divertido. – Sale. Yo te llamo más tardecito, si convenzo a mis amigas. Hablamos -. Eso fue lo último que ella dijo y colgó.
Llegué a mi destino. Pagué al taxista, y bajamos con la gente. Los otros ya habían llegado. Entramos al sitio, encontramos unos sillones vacios y nos sentamos todos. A mi lado estaba Karina, y para empezar pedimos vino y algo para picar. La reunión se fue haciendo amena. Al ratito mi teléfono suena, llama otra vez “X” quien me dice que está yendo con sus amigas, y que le de la dirección. Se la doy, y me dice que llega en media hora.
El lugar es interesante, se escucha rock británico, indie, música ochentera, algunas canciones noventeras, algo de rock en español. El lugar me pareció bastante bueno. A la media hora llegó X, con dos amigas suyas y un amigo. Ella me presentó a sus amigos y yo le presenté a Karina y los demás.
Pusieron una canción de Soda Stereo, se llamaba Trátame suavemente. Me sentí congelado, pensé en lo que me había pasado, cuando de pronto siento que Karina me jala del hombro y me pregunta: – ¿Por qué estás así amiguito?. – . Le respondo, que esa canción me recuerda a mi ex. – Sorry, tío por pedir esa canción. No sabía que te recordaba a tu ex – Agregó X. – No se preocupen. Es solo una canción. Más bien. Saludos chicos, no hay que ponerse serios – Finalicé.
Tras brindar, me serví una copa de vino más y pedí otra botella. El amigo de X, estaba muy pegado a ella, conversándole cosas cerca al oído mientras ella lanzaba sonrisas coquetas con él. Conversando con el grupo y con Karina, me di cuenta que teníamos bastantes cosas en común, llamándome la atención que a Karina tuviera gustos musicales parecidos a los míos, y yo antes pensaba que a esa chica le gustaba solo la cumbia.
En algún momento tuve que irme al baño. Entré hice lo que tenía que hacer, me lavé las manos y la cara, y mientras me miraba al espejo, sentía que de alguna manera me estaba sintiendo de maravilla. Afuera, en el pasadizo me encontré con X besándose con su amigo. Seguí caminando y me senté nuevamente junto a Karina. Ella me sonrío y me miró a los ojos. Le sonreí y sin querer baje mi mirada y le miré las piernas.
Traté de levantar la mirada, y me concentré en tomar un poco más de vino, y conversar con el grupo. No sé como salió de la conversación, pero empezamos a conversar de viajes astrales, y me empecé a interesarme en el tema. Al ratito regresó X con su amigo. Se sentaron, y X empezó a hacer bromas sobre el tema, mientras fumaba un cigarrillo. Vi la hora y eran como las dos de la mañana. Ya me sentía un poco mareado y con sueño. Así que me despedí de todos, y les dije que me iba a casa.
Salí del bar y corría un ligero aire frio. Caminando por un parque, revisé cuanto me quedaba de esa noche, y vi que me quedaba un billete de veinte soles y una moneda de un sol. Llegué a un paradero para tomar el taxi, pero me cobraban caro. Así que vi una combi, y me dije a mi mismo, que podía ir a la avenida principal y de allí tomar un taxi. Pagué mi sol y me senté junto a la ventana. Cerré ligeramente mis ojos, mientras la combi aceleraba muy rápido. Me quedé dormido. (…)
- Señor, ¿donde lo dejo? – Preguntó el taxista, que estaba a la altura de donde le había indicado. Me desperté en el acto. – En la esquina que viene – le señalé. El taxi se aparcó en una esquina. Le pagué los veinte soles al taxista y me bajé. Caminé por la calle, me llamó la atención que existieran rejas, no las recordaba haber visto la última vez que fui a casa de mis padres.
A unos metros de llegar, me sentí fatal, no podía más, me fui hacía un árbol y me lancé a vomitar. Seguí caminando, hasta que llegué a la casa de mis padres. Entré y me dirigí al baño. Me cepillé los dientes con el cepillo de dientes que dejé allí, e hice un poco de gárgaras con el Listerine que encontré en el baño.
Al lavarme la cara, sentí que veía medio borroso en uno de mis ojos, me vi al espejo y vi que tenía un lente de contacto que estaba doblado en mis pestañas. Me lo quité. Era raro, porque nunca he usado lentes. Vi mi otro ojo, y vi que tenía un lente de contacto. Me desesperé. No entendía nada, pero veía borroso. No sé como lo hice al final, pero me quité el lente de contacto. Al final tiré los lentes de contacto por la coladera del lavatorio. Solo quería dormir. Respiré profundo y subí las escaleras. Entré a mi ex habitación. Me saqué los zapatos y me tiré en mi antigua cama, encima con lo que tenía. Al minuto, me quedé dormido. (…)
Siendo las 9:30 de la mañana y tras sentir el timbrado del celular me desperté. Llamaba X. Tras buscar el teléfono en mi pantalón, le contesté: – Aló – . – Hola. ¿como has amanecido? ¿todo bien?. - preguntó X. Le dije que estaba perfecto, que había dormido como un bebe, y le pregunté a que se debía su preocupación. Ella me dijo: – Has estado bien raro. Me llamaste casi a las tres de la mañana. Por eso te llamé –. Le dije que había borrado cassette, que no me acordaba de nada, y que a lo mucho me acordaba haberme quedado en la combi de regreso. – ¡¡¡¿Te fuiste en combi?!!! – Me gritó.
Le dije que tenía mi propio instinto de supervivencia y que mi idea era tomar taxi llegando a la avenida principal, pero que no me acordaba de nada. En eso me reí. Agregué que no se preocupará que no había pasado nada. Ella se quedó callada. Luego me dijo: – Tienes que evitar tomar de esa manera. Más bien que milagro que no hayas vomitado. – . Le respondí que tenía un estomago de hierro. Finalmente, me dijo: – Revisa tus cosas de todas maneras, no te vayan haber robado. Tengo que irme. Cuídate. Besitos – . – Igual para ti – le respondí y colgué.
Revisé mi pantalón y ya no tenía ni un centavo. Me sentía un poco tieso, con la ropa del día anterior, así que me la quité, me puse mi piyama y fui al baño. Allí, me lavé la cara. Me vi a los ojos, y me di cuenta que felizmente no había dormido con lentes de contacto. Busqué el estuche, pero los encontré vacios. Puta madre, me dije en mi interior. Me coloqué los lentes “normales”.
Luego, bajé a tomar desayuno al comedor. Por las ventanas se veía un sol resplandeciente. Saludé a mis padres y a mi hermana, y me puse a disfrutar de un rico desayuno con tamales, chicharrones y mucho jugo de naranja. Me sentí por unos instantes bendecido.