Yendo a la deriva
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Encontré un interesante programa que pueden usar para iniciar sesión en Windows. Se llama Blink, y funciona en cualquier pc que tenga webcam. El uso es bastante sencillo. Lo único que tienen que hacer es instalar el programa, y permitir a la webcam que se encienda . Para ello, tienen que mirar a la webcam, y girar de izquierda a derecha la cabeza, para que quedé su perfil registrado. Luego ingresaran la clave de Windows de ese usuario, y deberán guardar esa configuración.

Una vez hechas estás acciones, pueden reiniciar la maquina o cerrar sesión, y en la pantalla de Bienvenida de Windows, verán que se inicia el programa y se iniciará el reconocimiento facial, prendiéndose en el acto el webcam.

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Una vez que la webcam se encienda, y el programa detecte su rostro, se inicia la sesión correspondiente de Windows. Así de sencillo.

Fuente: Addictive Toools.

Descargar Blink

cafe

24 horas antes del accidente. 7:12 p.m.

Era ya de noche, y garuaba ligeramente en Lima. Estaba en Jesús María, a unos metros de su casa, estacionado afuera con el auto. Ella llegaba a la entrada de su edificio con su hija cargada e iba con su marido. Sentí que ya no podía cambiar nada, aunque dentro de mí lo quería.

Mañana iba a pedir la mano de Claudia, y no sé porque razón quise  ver a Diana, aunque sea de lejos. Claudia era una gran chica, la chica de mis sueños, estudiosa, bonita, divertida;  sin embargo, una extraña nostalgia me había hecho ir a casa de Diana, a mirarla desde lejos, como si fuese un loco acechándola.

- Lo hecho, hecho está. – Me dije a mi mismo. – Aunque no hubiera querido que sea así.

Me quedé sentado unos minutos, recordando a Diana. Lo feliz, lo bueno y lo trágico de todo lo que nos había pasado.  Mientras garuaba recordaba cuando me llamó por teléfono meses atrás, y ella pidió que nos encontráramos. (…)

Después de tantas discusiones, al fin me había armado de valor para decirle lo que quería decir. Nos encontramos de noche en una pequeña cafetería, donde nos gustaba ir a comer años atrás. Era un lugar, sencillo, acogedor, y lo bueno es que no era caro. Se podía tomar un buen café, tomar buenos jugos y comer ricos sandguches. Fui entusiasmado y sonriente. A Diana, la encontré sentada en una mesa junto a la ventana. Pensé que ella también quería volver, y yo quería darle una sorpresa. Sin embargo, cuando la vi detenidamente, su mirada era un poco ida e iba triste, mirando hacía la calle.

- Hola. ¿como estás?. – Le dije.  Me acerqué y le di un beso en la mejilla. Luego busqué mi silla y me senté.

- Hola Roberto. ¿Como has estado? – Preguntó ella.

- Bien, aunque siempre pensando en todo lo que ha pasado. – respondí con una sonrisa seria.

Ella se veía con el rostro dubitativo. Estaba tomando un café. Llegó la mesera, y pedí un jugo y un sandwich. Cuando llegó el pedido empecé a comer. El sandwich estaba bueno.

- Te llamé porque tengo algo que decirte. – Me dijo. – Yo igual – le contesté sonriendo. Le quise dar la mano, pero ella la alejo. Me pareció raro, pensé que ella se quería hacer la difícil.

- Yo primero – dijo ella. Iba decir algo, pero luego ella empezó.

- Estoy embarazada. – dijo rápidamente. Me cogió de sorpresa. Casi de inmediato me quedé frio, y sin capacidad de reaccionar. – Sin embargo, para tu tranquilidad te aviso que el bebé que voy a tener no es tuyo. – añadió.

No podía decir nada, me bajo la temperatura del cuerpo, y sentí un frio casi helado. Recordé la última vez que estuve que había tenido relaciones con Diana, y ello no había sido demasiado tiempo atrás, no más de mes y medio, exagerando.

- ¿Estás segura? – pregunté.

- Sí. Ya me hice mis exámenes. -  Dijo ella. – No me refiero a eso. – Añadí.

- ¿Sobre si no es tuyo?. – preguntó. Yo afirmé que sí con la cabeza. – Estoy completamente segura que no es tuyo. Después de haber estado contigo por última vez, me vino mi regla con normalidad, más no paso así con el padre de mi bebé.

Quería llorar, pero yo no podía. Quería insultarla, pero no me salían las palabras. Solo atiné a tomar mi jugo y terminármelo rápidamente. No podía levantar la cabeza, ni mirarla a la cara. Voltee hacía la ventana, y miré los autos pasando.

- Felicitaciones, entonces.- Le dije a Diana. – Espero que te vaya bien, a ti y a tu bebé. No te preocupes por nada. Solo te deseo lo mejor. Cuídate. Chau.

Ella me miro triste. Por mi parte, me levanté de la silla, pagué la cuenta y me di la vuelta. No quería mirar hacía atrás, solo quería salir, ir al auto y volver a casa. (…)

Ahora yo estaba allí frente a su edificio en el auto. Ella ya había entrado a su casa. Solo pude atinar a poner en marcha el auto, mirar la lluvia y decir para mi mismo – Adiós -, mientras ponía en marcha el auto con dirección al sastre, para recoger mi terno para la pedida de mano de Claudia.

- Al menos ya tengo los gemelos y la camisa – pensé.

PS: Sugiero escuchar el relato con está canción de Michael Giacchino – There’s no place like home.

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Encontré este video que me pareció sensacional. Estaba triste por el final de Lost, pero este video me ha alegrado la semana. Aquí está la épica pelea entre Jack y Mocke (Alías “El humo”), con espadas laser. Se ve mejor que el original.

 

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Me acordé de la canción de Futuro Incierto – Si tú no estás, en la mañana mientras escuchaba a Social Distortion y la canción Reach for the Sky. Como se darán cuenta ninguna de las canciones tiene nada que ver con la otra, sino que a veces mi mente relaciona cosas que aparentemente no tienen relación entre sí, pero que en el fondo si lo tienen.

Sin embargo, ahora que miro el video de Futuro Incierto, veo que hay un robot, que me hace acordar a Mister Roboto de Styx, y su versión japonesa por Polysics.

Abajo hay otra canción que tiene robots en su video, es Intergalactic. Me parece un vídeo más entretenido sobre robots, hecho al estilo de las series japonesas de robots de los ochentas.

 

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Estaba echado en mi cama mirando el techo, pensando en los porqués. Me sentía sin rumbo, sin futuro, con ganas de llorar pero sin poder hacerlo. La decepción era muy grande, pero tenía que olvidar lo que había quedado atrás. Me senté en la cama, no quería seguir pensando. Sentía que mi futuro había cambiado, que ahora iba sin rumbo, sin saber a donde iba llegar.

Era sábado en la noche, así que jalé la laptop. La abrí, abrí el messenger, y encontré a Karina conectada.

- Hola. ¿que tal como te va?. – Le escribí. Ella me respondió que estaba  bien, me comentó que se iba a reunir con unos amigos en un bar, para tomar  algo y escuchar buena música por Miraflores. Le pregunté si podía ir, me dijo que normal fuera, pero que tenía que estar a las diez de la noche en punto en su casa, porque a esa hora iba a salir. Le dije: – Perfecto. Nos vemos, entonces. Cuídate mucho, ahí hablamos. Saludos.

Ella se despidió. Cerré la tapa de la laptop, y me fui a alistar. Me bañé,  me afeité, me puse una colonia, tomé mi pastillas para la alergia. Me puse una camisa azul, un pantalón marrón, guardé mi billetera, mis llaves, mi celular Motorola que aunque no era el mejor, me era muy fiel para todo momento. Mirándome al espejo, me di cuenta que era mejor no llevar lentes, así que me puse lentes de contacto. Bajé rápido por las escaleras, salí a la calle, y busqué un taxi que me llevará a casa de Karina.

Una vez que llegué a su casa, ella abrió la puerta y cuando la vi, casi se me caen los ojos al piso. Llevaba un vestido floreado, que le ajustaba bien al cuerpo, y le hacía resaltar bastante bien sus piernas y sus caderas. Intenté mirar hacía arriba, la saludé, ella sonrió, se le veía linda como siempre, con sus rulos naturales y su tez morena. Me invitó a pasar, allí encontré a amigos suyos, los cuales me presentó. Tras beber un par de cervezas, salimos a la calle, donde tomamos dos taxis para ir en dos grupos.

En el camino a ese bar, siento que el celular timbra, y veo que muestra que mi contacto “X” llama. Me dio risa, que le haya puesto X en mi agenda. Debe ser que cuando me dio su nuevo teléfono, lo hice tan apurado que me dio pereza colocar su verdadero nombre. Contesté. – Aló –.

Se escuchaba mucho ruido, pero al final oí: – Hola. Quería preguntarte si ibas a hacer algo está noche, estoy aburrida en casa de unas amigas –. Le respondí, que estaba con unas amigas yendo a un bar por Miraflores, que si gustaba podía ir, que era gente que ella conocía y que iba a estar divertido.  – Sale. Yo te llamo más tardecito, si convenzo a mis amigas. Hablamos -. Eso fue lo último que ella dijo y colgó.

Llegué a mi destino. Pagué al taxista, y bajamos con la gente. Los otros ya habían llegado. Entramos al sitio, encontramos unos sillones vacios y nos sentamos todos. A mi lado estaba Karina, y para empezar pedimos  vino y algo para picar.  La reunión se fue haciendo amena. Al ratito mi teléfono suena, llama otra vez “X” quien me dice que está yendo con sus amigas, y que le de la dirección. Se la doy, y me dice que llega en media hora.

El lugar es interesante, se escucha rock británico, indie, música ochentera, algunas canciones noventeras, algo de rock en español. El lugar me pareció bastante bueno. A la media hora llegó X, con dos amigas suyas y un amigo. Ella me presentó a sus amigos y yo le presenté a Karina y los demás.

Pusieron una canción de Soda Stereo, se llamaba Trátame suavemente. Me sentí congelado, pensé en lo que me había pasado, cuando de pronto siento que Karina me jala del hombro y me pregunta: – ¿Por qué estás así amiguito?. – . Le respondo, que esa canción me recuerda a mi ex. – Sorry, tío por pedir esa canción. No sabía que te recordaba a tu ex – Agregó X.  – No se preocupen. Es solo una canción. Más bien. Saludos chicos, no hay que ponerse serios – Finalicé.

Tras brindar, me serví una copa de vino más y pedí otra botella. El amigo de X, estaba muy pegado a ella, conversándole cosas cerca al oído mientras ella lanzaba sonrisas coquetas con él. Conversando con el grupo y con Karina, me di cuenta que teníamos bastantes cosas en común, llamándome la atención que a Karina tuviera gustos musicales parecidos a los míos, y yo antes pensaba que a esa chica le gustaba solo la cumbia.

En algún momento tuve que irme al baño. Entré hice lo que tenía que hacer, me lavé las manos y la cara, y mientras me miraba al espejo, sentía que de alguna manera me estaba sintiendo de maravilla. Afuera, en el pasadizo me encontré con X besándose con su amigo. Seguí caminando y me senté nuevamente junto a Karina. Ella me sonrío y me miró a los ojos. Le sonreí y sin querer baje mi mirada y le miré las piernas.

Traté de levantar la mirada, y me concentré en tomar un poco más de vino, y conversar con el grupo. No sé como salió de la conversación, pero empezamos a conversar de viajes astrales, y me empecé a interesarme en el tema. Al ratito regresó X con su amigo. Se sentaron, y  X empezó a hacer bromas sobre el tema, mientras fumaba un cigarrillo. Vi la hora y eran como las dos de la mañana. Ya me sentía un poco mareado y con sueño. Así que me despedí de todos, y les dije que me iba a casa.

Salí del bar y corría un ligero aire frio. Caminando por un parque, revisé cuanto me quedaba de esa noche, y vi que me quedaba un billete de veinte soles y una moneda de un sol. Llegué a un paradero para tomar el taxi, pero me cobraban caro. Así que vi una combi, y me dije a mi mismo, que podía ir a la avenida principal y de allí tomar un taxi. Pagué mi sol y me senté junto a la ventana. Cerré ligeramente mis ojos, mientras la combi aceleraba muy rápido. Me quedé dormido. (…)

- Señor, ¿donde lo dejo? – Preguntó el taxista, que estaba a la altura de donde le había indicado. Me desperté en el acto. – En la esquina que viene – le señalé. El taxi se aparcó en una esquina. Le pagué los veinte soles al taxista y me bajé. Caminé por la calle, me llamó la atención que existieran rejas, no las recordaba haber visto la última vez que fui a casa de mis padres.

A unos metros de llegar, me sentí fatal, no podía más, me fui hacía un árbol y me lancé a vomitar. Seguí caminando, hasta que llegué a la casa de mis padres. Entré y me dirigí al baño. Me cepillé los dientes con el cepillo de dientes que dejé allí,  e hice un poco de gárgaras con el Listerine que encontré en el baño.

Al lavarme la cara, sentí que veía medio borroso en uno de mis ojos, me vi al espejo y vi que tenía un lente de contacto que estaba doblado en mis pestañas. Me lo quité. Era raro, porque nunca he usado lentes. Vi mi otro ojo, y vi que tenía un lente de contacto. Me desesperé. No entendía nada, pero veía borroso. No sé como lo hice al final, pero me quité el lente de contacto. Al final tiré los lentes de contacto por la coladera del lavatorio. Solo quería dormir. Respiré profundo y subí las escaleras. Entré a mi ex habitación. Me saqué los zapatos y me tiré en mi antigua cama, encima con lo que tenía. Al minuto, me quedé dormido. (…)

Siendo las 9:30 de la mañana y tras sentir el timbrado del celular me desperté.  Llamaba X. Tras buscar el teléfono en mi pantalón, le contesté: – Aló – . – Hola. ¿como has amanecido? ¿todo bien?. -  preguntó X. Le dije que estaba  perfecto, que había dormido como un bebe, y le pregunté a que se debía su preocupación. Ella me dijo: – Has estado bien raro. Me llamaste casi a las tres de la mañana. Por eso te llamé –. Le dije que había borrado cassette, que no me acordaba de nada, y que a lo mucho me acordaba haberme quedado en la combi de regreso. – ¡¡¡¿Te fuiste en combi?!!! – Me gritó.

Le dije que tenía mi propio instinto de supervivencia y que mi idea era tomar taxi llegando a la avenida principal,  pero que no me acordaba de nada. En eso me reí. Agregué que no se preocupará que no había pasado nada. Ella se quedó callada. Luego me dijo: – Tienes que evitar tomar de esa manera. Más bien que milagro que no hayas vomitado. – . Le respondí que tenía un estomago de hierro. Finalmente, me dijo: – Revisa tus cosas de todas maneras, no te vayan haber robado. Tengo que irme. Cuídate. Besitos – . – Igual para ti – le respondí y colgué.

Revisé mi pantalón y ya no tenía ni un centavo. Me sentía un poco tieso, con la ropa del día anterior, así que me la quité, me puse mi piyama y fui al baño. Allí, me lavé la cara. Me vi a los ojos, y me di cuenta que felizmente no había dormido con lentes de contacto. Busqué el estuche, pero los encontré vacios. Puta madre, me dije en mi interior. Me coloqué los lentes “normales”.

Luego, bajé a tomar desayuno al comedor. Por las ventanas se veía un sol resplandeciente. Saludé a mis padres y a mi hermana, y me puse a disfrutar de un rico desayuno con tamales, chicharrones y mucho jugo de naranja. Me sentí por unos instantes bendecido.

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Tras ver el penúltimo capitulo de la serie, me ha quedado claro que es una de las mejores series que he visto, incluso más que los Expedientes Secretos X (en las últimas temporadas ya aburría un poco). Ayer estrenaron el penúltimo capítulo llamado “Por lo que murieron” – 6×15 en Estados Unidos (6×16 en el resto del mundo).

En mi opinión, uno de los mejores capítulos, pero que aún no demuestra cual es el papel de Desmond en todo esto (lo único que sabemos de él, es que va a mostrarles algo a los protagonistas que viven en el mundo paralelo), ni como Jack va a lograr vencer al falso “Locke” en la isla. Definitivamente, lo veremos este domingo 23 de Mayo, fecha en que se estrena el último capítulo que tendrá dos horas y media de duración.

Espero que los que vivimos fuera de EEUU encontremos algún portal que nos permita ver Lost en directo con ABC como la fecha de estreno de la actual temporada, sino caballero nomás, tendremos que esperar a que lo cuelguen en línea en algún portal o descargarlo por torrent.

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Cruzar San Isidro en auto es muy difícil por estos días, sobre todo en las noches por culpa del caótico tráfico ocasionado por un impertinente alcalde que ha señalizado mal las calles.

Está noche era mi noche, ya me había bañado, peinado, cortado el cabello, afeitado la barba, cortado las uñas, echado perfume, tomado mis pastillas para la alergia, etc.

Me vestí con un terno plomo claro, con una camisa a rayas, una corbata que me quedaba excelente con gemelos. Normalmente, no usaba gemelos, pero está vez la ocasión lo ameritaba.

En el auto iba escuchando Starman de David Bowie, e iba pisando el acelerador despacio para ir al lugar donde se definiría mi destino. Pensaba en Claudia, imaginándome que todo iba a ser perfecto, en la noche perfecta. En fin, ya le había dicho a mi madre que no me avergonzará con alguna anécdota que me dejará en ridículo frente a la familia de mi novia.

En el fondo todo lo que iba a hacer me daba vergüenza, y no tenía idea si lo que iba a hacer se acostumbraba a hacer ahora. Iba a pedir la mano de mi novia a su familia, e iba a ir con mi familia. De solo pensar en eso casi vomité, y me acordé de como me jodió mi hermano mayor cuando le conté que me iba a casar. En ese momento respiré hondo, y revisé mi Blackberry mientras el policía aguantaba el tráfico. “Yendo a pasar roche en casa de Claudia” actualicé en mi Facebook.

Los autos empezaron a pasar. Aceleré y crucé la avenida. Al fin ya cerca, me decía dentro de mi mismo, que debo tener cuidado con lo que digo, porque a veces se me van las palabras. Iba adentrado mis pensamientos, cuando siento un golpe fuerte en la puerta derecha del auto, cuando de pronto soy arrastrado con auto y todo por una camioneta que iba en una transversal. Mi cabeza se golpea con la ventana izquierda, y luego…

(…)

Me golpee con la luna bastante fuerte y me desperté un poco adolorido. El cobrador de combi me dijo: chino…chino, ya hemos llegado al paradero. Estaba bastante aturdido. Se escuchaba de fondo la canción Tu Hipocresía de Grupo 5.

Demoré unos segundos en reaccionar. Bajé por una avenida que no conocía, de un distrito que no conocía, sin idea de como y porque había llegado allí.  Sentía un dolor de cabeza, y un dolor de estomago como si hubiera estado tomando alcohol toda la noche. Iba a vomitar, pero sabía que me iba a doler. Le pregunté a una viejecita, donde estaba. Me dijo en la Avenida Wiesse. Le pregunté, ¿en que distrito estoy?. La señora se alejó rápidamente. Doble a la izquierda, miré alrededor, vi que al fondo habían cerros iluminados. Encontré a un hombre sentado en una esquina. Le pregunté al señor si me pudiera hacer un favor y pudiera decirme en que lugar y que distrito estaba. Me dijo que me encontraba en San Juan de Lurigancho, en Lima. Le agradecí. Seguí caminando y escuché a un borracho que me gritó por detrás: ¡para eso te emborrachas, no te acuerdas ni donde has ido.!. No respondí nada. Estaba en un lugar que desconocía por completo.

Caminé unos minutos, pasé junto a un restaurante donde vendían caldo de gallina. Allí en el ventanal vi mi reflejo, llevaba puesta una camisa azul oscura y un pantalón marrón oscuro. Busqué mis bolsillos, encontré un celular Motorola y una billetera con veinte soles. Pensé en ir a mi departamento, pero más cerca se encontraba la casa de mis padres, por cuanto  me sentía súper mal de la cabeza y del estomago. Vi la hora en el celular, marcaban casi las tres de la madrugada.

Busqué un taxi, ninguno me quería llevar. Después de mucho buscar encontré un taxista que me llevará a La Molina. Me cobró los veinte soles. Maldito – pensé. Me senté en la parte trasera, iba mirando a través por la ventana, un poco aliviado, porque dejaba ese sitio tan extraño atrás, mientras más me acercaba a la autopista de la  Panamericana.

(…)

Reaccioné. – Auuuu…. Ahhhhh….. – Me duele todo el cuerpo, empiezo a botar un poco de sangre por la boca. Mi cabeza aparentemente está rota. Un tipo  me dice que no me mueva que ya viene la ambulancia. Veo que mi camisa y mi terno están ensangrentados. Siento que me voy…

(…)

Traté de mantenerme despierto mientras iba en el taxi que ahora sonaba con la canción Lárgate de los Hermanos Yaipen. Miro el celular, la última llamada que recibí fue de “X”. Al menos así lo decía la agenda del teléfono. 

Timbré a ese teléfono. Le digo al taxista que baje el volumen de su radio. Me contesta la voz de una chica, en el fondo se escucha Mad World de Tears of Fears. Me grita: Aló, aló… La música va disminuyendo. – Hola tío, ¿por qué te fuiste tan temprano?. Le respondí que me sentía muy cansado. Me dice: – La música  y el bar están recontra chéveres. Te hubieras quedado un rato más, acá la gente ya está un mate de la risa. Le digo: – Seguro que tienes razón. Ahorita me estoy yendo a casa. Me voy a dormir. Cuídate, saludos. Me contesta: – Cuídate, loquito, ya nos vemos, un besito.

Tras colgar, el taxista levanta el volumen de la radio. Voy mirando la noche, sintiendo como si la ruta de la carretera fuera yendo hacía abajo, mientras vamos con dirección al sur, para ir finalmente a La Molina. Lo que tenía claro, era que al parecer tenía una resaca espantosa, que  no recordaba que había pasado en esa noche, que no recordaba a X, que no recordaba casi nada de mí, y que lo único que quería era dormir. 

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