Yendo a la deriva
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miraflores

Han pasado muchos meses y nada ha sido fácil. A veces pienso que he cambiado mi destino. Siento que aquella noche, en vez de convencerme a mí mismo que todo era el final, debí de regresar, abrazarla y decirle que me quedaría con ella siempre. Lástima que mi me di cuenta demasiado tarde.

Siento muchas veces que he hecho lo correcto, he obedecido a mi razón, sin embargo no es suficiente, porque no siento que eso me haga feliz. Ahora las circunstancias y los hechos han tomado un rumbo bastante distinto al que pensaba, elegí el camino correcto, siento que cada día me hago mejor profesionalmente, sin embargo, estoy muy lejos de decir que estoy en camino a ser feliz; más bien por el contrario, la soledad cada vez se hace más presente, las personas que aparecen y desaparecen son más constantes. Ellos son como fantasmas, de las cuales no puedes estar seguro de confiar, siendo el único consuelo que al menos hacen compañía mientras existen.

Estoy en casa, recostado en mi cama, abro los ojos, me animo a hacer algo en la noche. Llamó a X y le preguntó si puedo ir su casa, ella responde que sí, pero me pregunta si le puedo llevar un vino, a lo que le respondo que normal.

Voy a su edificio, subo a su departamento, toco la puerta, y tras abrirme, me dice que entre. Me siento en el sillón de su sala, ella se ve muy bonita, viene usando un vestido azul, la abrazo, y le digo que todo mi día sido una reverenda basura. X me dice que tengo que estar tranquilo, que debo relajarme. Le pregunto, donde están sus copas. Ella me señala el repostero. Voy allí, saco dos copas, saco el vino de su bolsa, sirvo de vino las dos copas, le entrego una.

Le sonrío, le digo salud, chocamos las copas, y tomamos suavemente la deliciosa bebida. Seguimos en ese plan hasta la medianoche, de pronto empiezo besar su cuello, cojo con mi mano una de sus piernas, y justo cuando estábamos a punto de besarnos, suena su teléfono, ella contesta, y su madre le dice que va llegar a su casa y que deje sin tranca la puerta principal.

En ese momento X me dice que tengo que irme. Me levanto y me despido de ella. Abro la puerta y bajo las escaleras al primer piso.

Salgo a la calle, camino una cuadra, miró hacia atrás, y veo como todo empieza a desaparecer, reapareciendo las tiendas comerciales, el tráfico y el ruido en esa tranquila calle. Sigo caminando mirando ahora hacia delante, y veo como una casa desaparece, apareciendo en el acto un edificio. Giro a la izquierda, encuentro la avenida con mucho tráfico, son las 12:10 de la noche. Me acerco a un taxi, le digo que me lleve a casa.

En el camino voy pensando en X, marco su teléfono, sin embargo, me suena el mensaje de voz, diciendo que el número que he marcado no existe. En eso, veo la noche por la ventana del taxi, observo las luces y siento el viento frio, suspiro, y me pregunto cuándo podré volver a verla.

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