LA NAVIDAD, LOS NIÑOS Y LA POBREZA PERUANA
Ayer mientras recorría Lima ocupandome de las compras y otros quehaceres navideños, me ví en el infortunio de pasar por la Av. Javier Prado en el lado de La Molina, y encontrarme con un pesimo olor, a excremento, a orines, a basura tirada por la verma central en medio del pasto. Siguiendo el recorrido, llegaba al extremo de la avenida, y se asomó más de una veintena de niños pidiendo dinero y regalos, entre los diversos autos que estaban estacionados por el semáforo.
Una escena bastante triste, considerando que tengo una sobrina de edad similar a la de los niños que piden dinero y regalos, y a pesar de tener el corazón muchas veces duro, confieso que me ví conmovido, por tanta desigualdad. Mi sobrina, rodeada de mil regalos, y aquellos niños que ni cena navideña iban a tener. Unos pocos, disfrutando de los beneficios de la globalización y de las riquezas del país, y mucha gente pobre afuera, que no tiene ni para comprar el pan, menos va a pensar en la cena de noche buena.
De todo eso, si hubó algo que me indigno, y fueron los padres de esos niños, que parecía que andaban de día de campo. Sin hacer nada, sentandos en el pasto conversando y comiendo, esperando que los niños reciban la caridad de la gente. En vez de trabajar por ellos, lo único que hacían era explotar la mendicidad de sus hijos. ¿Malos padres?. Para mí, si lo son. Los niños no tienen la culpa de nada, pero los padres si la tienen, por no trabajar, por dedicarse a explotar a sus hijos mediante el oficio de la mendicidad.
Tampoco soy ingenuo, para pensar, que prohibiendo la presencia de la mendicidad, las cosas van a mejorar. Lo que se necesita para que la pobreza vaya reduciendose, es primero ganas de salir de ella; segundo, educación; y tercero: capital. Lo básico es el primero y el segundo, el tercero, llega con mezcla de las primeras dos herramientas.
Horas mas tarde.
En la noche regresaba con el auto a casa, volviendo por la ruta de la Av. Javier Prado. Ví a los niños sentados intercambiando la ropa y los juguetes que la gente les había regalado. Algunos de ellos se veían muy felices. Cuando los ví fijamente, pensé ¿que será de ellos cuando sean grandes?. Está situación no puede seguir así, las diferencias sociales no pueden seguir acrecentadose, sino las cosas van a irnos muy, pero muy mal, está vez no solo para ellos, sino para todos.
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